viernes, 29 de julio de 2011
Nuca mas.
Todo empezó cuando tan solo eramos unos crios. Lo veiamos como un juego y buscabamos ilusionarnos, sentir cosas nuevas. Se nos fue un poquito de las manos. Me enamoré de ti, llegué a quererte tanto, que dolía. Pensaba que te perdía. Hasta que un día me demostraste que tu también estabas ahí. Que sentías lo mismo por mi. Que podía contar contigo en todo momento. Pasamos nuestros malos ratos, hasta te fuiste con otra, tuve que verte con ella cada día, ver como la besabas, como la abrazabas, como la tratabas como a mi unos meses antes. Con el tiempo, todo eso acabó y ahora eres mio. Y eres tan importante para mi que si me faltas es como si me quitan el aire que respiro. He compartido momentos contigo que jamás podré olvidar, que quiero repetir veinte mil veces más, porque eres todo, si, todo. Anoche me entregué a ti, estaba completamente segura de lo que hacía, de que no me equivocaba, de que jamás te perdería, ya habian pasado dos años a tu lado. Estaba segura de tu amor, de que nadie nos iba a separar. De que eras mio, como he dicho antes. Amanecimos juntos, me traiste el desayuno a la cama, te duchaste, me besaste, me repetias te quiero una y otra vez y te fuiste. En medio de cada sorbo de zumo, con una pizca de sonrisas, me encontré una nota entre el pan de sandwich, ahí me decías que nunca me habías querido, que cada día junto a mi fue una mentira, que tenias a tu verdadero amor en otro lugar del mundo, allí donde ahora mismo te estabas dirigiendo, que estuviste todo este tiempo junto a mi para que pudiera recordarte siempre como el primer chico que recorrió cada parte de mi cuerpo. Al final de la nota ponía un simple, Adiós. Y nunca más volví a saber de él.
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